Entrevista
“Sobran los motivos para sentirse optimista”
En el nombre de la solidaridad
Nacido en 1961, Juan Carr creó la Red Solidaria en 1995 y desde allí trabaja por la gente más necesitada. Hace hincapié en que lo fundamental para mejorar la sociedad es que se ponga en práctica lo que llama “cultura de la solidaridad”. Las problemáticas sociales encontraron en este hombre casado y con cinco hijos a un referente. Su compromiso social lo hizo candidato al premio Nobel de la Paz en 2007 y 2008. Lo bendijo la Madre Teresa de Calcuta y lo premió, por su compromiso, la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El Senado de la Nación reconoció su lucha por los Derechos Humanos y distintas organizaciones no gubernamentales ven en él a un verdadero emblema del compromiso ético. A pesar de sus horas de intensa dedicación para con los más necesitados, se hace del tiempo para seguir ejerciendo la docencia en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires.

Juan Carr, creador de la Red Solidaria, cuenta por qué las actitudes de los argentinos permiten creer, con fundamentos, en un país mejor. Conozca cuáles son los sueños de alguien que cambió su vida para ayudar a los más necesitados.
Este hombre que tenemos enfrente, sentado con un termo y un mate con yerba en el living de su casa de la zona norte del Gran Buenos Aires, emana solidaridad. Se le escapa; parece que no puede contenerla. La solidaridad le sale por los poros, por las palabras y, para que no queden dudas, por los hechos. No habla. Hace. Se topa con el dolor y la necesidad ajenas, les ve la cara y, sin embargo, es optimista. Y pide perdón por ese optimismo. Y lo explica: “Que antes las estadísticas indicaban que… y ahora, en cambio, nos favorecen porque…”. O también: “En dos o tres generaciones más vamos a tener totalmente arraigada la cultura de la solidaridad… Vas a ver que tengo razón”, apuesta Juan Carr, fundador de la Red Solidaria y mentor del abrazo afectuoso antes que de la entrega de dinero, por ejemplo. “No todos necesitan plata. Hay quienes prefieren tu tiempo”, dice.
–Usted habla de la cultura de la solidaridad. ¿Por qué remarca la palabra “cultura”?
–Porque la cultura de la solidaridad no es lo mismo que la solidaridad a secas. Entiendo que la solidaridad es algo más emocional y efímero, si se quiere. En cambio, cuando hablamos de cultura nos estamos refiriendo a algo instalado en la gente, algo permanente.
–¿Se siente líder de cierta “cultura solidaria” en nuestro país?
–No me gusta la palabra líder. Prefiero el compromiso hacia los demás, algo que parta de muchos y no de uno solo. Es bueno saber que en lo que hacemos hay gente que nos acompaña. Hay que convertir la solidaridad emocional en algo más encarnado, en un compromiso verdadero. El argentino es solidario, pero todavía muy emocionalmente.
–¿Por qué grupos o franjas generacionales se siente más apoyado?
–Los que más se comunican con nosotros son los que están entre los 15 y los 35 años. Son las edades que estamos buscando. Ahí está la sangre nueva. La generación de menos de 35 años tiene una confianza más plena. Quienes están entre los 14 y los 17 están ligados a su maestra; los de 20, a la Universidad; y luego siguen los matrimonios jóvenes. Hay divisiones que no molestan, pero llaman la atención: si te ayudan los conservadores, se quejan los más progresistas. Y así sucesivamente.
–¡La división entre argentinos parece un deporte nacional!
–Sí, es cierto. La Argentina está todavía fragmentada. Creo que vamos a llegar a mucho más cuando armemos una red de redes. Actualmente, por ejemplo, al donante de órganos le interesa ese tema, pero no la donación de sangre. Al donante de sangre sólo le importa su cuestión. Y así en muchos factores.
–¿Qué papel juega la desconfianza?
–A pesar de que hay motivos para que exista, en la Argentina tenemos razones sobradas para donar. Nosotros, desde la Red Solidaria, entendemos que no hay que donar plata, sino que debe donarse uno mismo, la persona. El que está en la calle, en el frío, requiere una frazada, un abrazo… no dinero. Nosotros no pretendemos recaudar plata, sino compromisos. No creo en las recaudaciones solidarias basadas en lo económico. Circunstancialmente sirven, pero no son lo mejor. Prefiero que la gente done su tiempo. El problema de la Argentina no es el de recaudar más, sino el de recaudar compromiso.

Tu tiempo vale más
que el dinero
–¿Por dónde empezar, entonces?
–Te pido que me acompañes tres horas diarias o que me des tres horas de tu vida para construir una casa en una comunidad indígena. Vamos a tardar una o dos generaciones más en tener una Argentina en la que la gente vuelva a creer. Nuestra estrategia fue confiar, confiar, confiar… Confiar brutalmente.
–¿Cuáles son las diferencias entre mediados de los años 90 y estos tiempos?
–En el 95, cuando arrancamos, había más individualismo. Hoy creo que existe cierto prestigio por hacer algo. Hubo una evolución. La gente quiere hacer cosas.
–¿Cómo define a la Red Solidaria?
–Como un compromiso. Creo que esa es la mejor definición. Al menos, la que más me gusta.
–¿Hay algo que lo obsesione, que le quite el sueño?
–Sí: el hambre. Esa es mi obsesión personal. Quiero bajar los índices de mortalidad infantil.
–¿Se tiene confianza para lograrlo?
–Me respaldan las cifras, que en ese sentido fueron disminuyendo. Y creo que en el año 2020 podremos llegar al hambre cero. Eso no requiere más que sentarse a una mesa a pensar soluciones. Acá se generan enormes cantidades de alimentos, por eso el problema depende de encontrarle la vuelta. No podemos dejar la política en manos de los políticos. Los gobiernos no tienen capacidad para solucionar todos los problemas. Y la gente cree que, después de votar, son las autoridades quienes deben arreglar las cosas.
–¿En serio cree en un país con hambre cero?
–Sí, porque es posible. Y para terminar con el hambre hay que saber dónde están los hambrientos, que lamentablemente importan muy poco. Son personas que en algunos casos ni siquiera tienen documentos. ¡No son tenidos en cuenta! Y los estamos buscando artesanalmente.
–¿Sabe qué? Me quedó una duda.
–¿Una sola? A ver…
–¿Quién es Juan Carr?
–Una persona sensible. Alguien que, a pesar de todo, tiene optimismo.